La Pintura de Nabil Kanso

Hugo Figueroa Brett


En una ciudad tan hambrienta de Arte y mucho más de Acadmia, la visita de Nabil Kanso puede justificar un agradecimiento.

Uno agradece la pausa en un paisaje donde no se divisa nada que genere la alegría por la visita de la hechura de un creador. Este pintor es antes que toda pausa un generador de posibilidades estética dentro de canon cerrado de las primeras formas de pintura.

Hemos estado expuestos a cantidad de exposiciones, inclyendo la última Bienal presentada en esta misma sala, donde estaba latente la posibilidad de jóvenes que tienen en sí el poder de ir hacia la creación, pero son entorpecidos por la fábula de la imitación, la mojigateria de pensar que el cuadro es más hablado que pintado y la illusión de saberse pintores antes de estudiar a cabalidad lo que una Academia -que no existe- pudiera ofrendar.

Me allegro de esta exposición mas por los alumnus de las Escuelas de Arte que por otra apariencia.

27 obras muestra este artista mundial de origin libanés. Telas simples pegadas a las paredes de galleria de arte “Julio Arraga”, donde la magnitude de tapizado lo ubica a uno en medio de esa juala hermosa y violenta.

Las 27 piezas de gran formato abarcan épocas de 1976 al 1983, sin embargo, parecen obras realizadas en una sola sesión de trabajo. La homogeneidad de la exposición y de qualquer exposición, hacen de antemano la primera confianza. Atempara esto la personalidad y la decisión de un artista. En esto vemos la solidez, él sabe lo que está hacienda y por donde va, no me atrevería a decir que Kanso también sabe hacia donde va, estos ya son presentes más poderosos. Quiero decir esto que lapso relativamente grande, es para un verdadero artista un espacio de trabajo.

La sinceridad y la diacronía cruzan un punto suceso y detenido en la obra que ya no es un total de veintisiete sino una sola. Perseverante y variable, obsesiva y elásita, la obra de Kanso soporta los más lamentables y primarios análisis.

También, por ser una pintura tan immediate y tan poco realizada por otros pintores, bien vale la pena ser atendidad por los estudiantes y estudiosos de arte y no ser vista como algo elemental, sensillamente elemental. Es mucho más que pintura, una tesis propicia, beneficiosa y útil.

Su color y pincelada fuertes y figurosos, van communes con el relato de la anécdota. El caos mundial, Kanso utiliza una pincelada brutal, áspera y constante: analizándola bien, veremos que su pincel es invariable, no hay espacios de se puede determinar una manera torpe, un cancianso o más forma que trata de enmascar la falta de técnica. Este rigor en Kanso es admirable, por cuanto sus telas son de un tamaño mas que grande, heróico y, como se sabe, la lucha contra estos grandes formatos no se puede triumfar sino es con una determinación y una posesión firme de la técnica. Esta técnica viene aunada y preconcebida. La fortaleza del trazado tiene un total que ver con la temática de la obra de este artista. Sus temas fuertes no podrían bajo ningun aspecto ser tratados con una técnica dulce, melosa y del todo gustosa. Por paralelismo Kanso se sitúa en una armonia entre técnica y temáticas.

La jaula es un imenso purgatorio donde la obra de Kanso reposo en los más simples y antiguos elementos de arte: técnica y fervor en la temática.

La jaula se reduce a la pupila. Los bastos espacios pintados entregan la forma muralista, aparentan ser murales que se achican y desmienten la primera apariencia. El muralismo tiende al fetiche, al cliché, a la tiensura de una idea regida por la tensión perfecta entre lo que dice y lo que quiere decir, en lo que veo y lo que he visto, en lo que mi pupila toca y en lo que siento por la vida permanente. Allí está la mano del artista verdadero además del pintor: un hombre con una facultad, un sentido, un deseo y en punto.

Si es verdad que sus cuadros dicen del terror y del horror, la conformación estética de la obra mantiene a lo fatal como texto y pretexto, una denuncia latente en un marco estético tan coherente que las obras de Kanso lejos de ser un lamento de la tragedia, son cantos alegres provenientes de ella: Esperanza.

La devocion de un hombre y su arte, superan con su magnifica belleza el drama representado.

Panorama, 28 de Abril, 1985, Maracaibo