APOCALIPSIS SEGUN NABIL KANSO


“Aqui, yo solo, en libros de metal
He escrito los secretos de la sabiduría,
Los secretos de la contemplación ascura”.
William Blake


La exploración del alma,
la visión del sueño,
el reino de los fantasmas.
Pensamiento.
Sentimiento.
Intuición.
Sensación.
Es la noche interminable,
la perturbada vida del espíritu.
Es ir hacia la luz de las estrellas,
Al nacimiento de la primavera.
El caos cobija al hombre por sus pasiones,
y nace la melancolía del eco.
el precipicio, la
ascensión.
Seres que buscamos un cielo más claro, pero
caemos por el peso de los conflictos.
El espíritu sufre
se encuentra
vigilante de las almas en pena,
del furor perpetuo,
del último suspiro.

Los caballos brotan en el remolino de las nubes,
los jinetes cabalgan,
los voces del silencio,
el deseo silencioso,
los quejidos de la tierra.
La aparición,
las figuras suplicantes.
Los amantes hacen el amor,
mientras los niños del Líbano sufren la guerra.
Es la historia sagrada del Apocalipsis,
el terror muestra la orbita del polvo.
En el precipicio se fecunda la visión lejana,
las colinas llenas de hombres que esperamos
el juicio final.

Tinieblas, tinieblas agitan el espectro,
aroman la esfera del sol,
los abismos crecen
y sobre la angustia nuestros ojos siguen iluminados.

Enrique Hernández D'Jesús

NABIL KANSO: LA VISIÓN DEL SUEÑO APOCALÍPTICO

Enrique Hernández-D'Jesús

“El amor es el estado en el que las cosas
se ven más como no son”
                                                      Nietzsche

El sueño es cuando no hay recuerdo del nombre de ese escritor que dijo: “La literatura no nace cuando un niño viene gritando -¡El lobo¡, ¡El lobo!-, y hay un lobo gris detrás de él. ...Nace cuando un niño viene gritando -¡El lobo!, ¡El lobo!-, y no hay un lobo detrás de él.”

El Ángel del Apocalipsis anuncia heridas, anuncia la angustia de la humanidad. Surge con su propio nombre, y no hay porque temer sus implicaciones Bíblicas, sino más bien acontecer los siete destinos de la palabra en la realidad. Las escrituras sostienen el movimiento de la nave ascendiendo en búsqueda de la luz.
Y del siete al diecisiete inspira los encantos físicos, previsibles a las alusiones donde Newton cierra las ventanas y “De pronto unas langostas/como caballos equipados para la guerra/movieron sus alas y/el ruido/parecía la bulla/de un ejército de carros/con muchos caballos que corren al/combate./ En mi visión, yo/ Vi esos caballos y/A quienes los montaban.”

Estamos en el domicilio y los espacios del Apocalipsis según San Juan. El horror de la guerra en cualquier parte del mundo, es la Guerra Civil Española, es el Guernica de Picasso, los aullidos de los personajes oscuros de Rembrand, o los fusilamientos de Goya. El margen de la intimidad en la tribulación es su lucidez. No existe pecado de un lado. “Aquí yazgo pensando en ti:” Homenajea Alberto Girri a W.C. Williams, o lo que para Franz Marc cuando define el expresionismo: “En no fiarse ya exclusivamente del sentido, en dejar de traducir la realidad que le trasmiten las sensaciones, y al contrario en restablecer el Poder del Espíritu”.

Nabil Kanso, artista libanés, residenciado hace muchos años en Atlanta, en los Estados Unidos, alcanza el espíritu que se mueve en las revelaciones, donde los colores ahondan los espacios, los agita, los sacude en el cantar de la bruma, en el reflejo de las pesadillas, concentrando sus impulsos en la furia del color, en la fuerza del inconsciente trastocado por todas las penurias que producen las hostilidades. Es Hiroshima, Nagazaki, Vietnam, el Líbano, Afganistán, Irak, Panamá, Santo Domingo, y otros países dominados por el imperialismo, atacados y humillados. Palestina es un volcán permanente. Los miles de niños muertos y mutilados, la desolación, el caos, realmente la catástrofe, el genocidio demasiado descarado, demasiado absurdo.

René Char incorporó en sus versos: ¿Modelar en el Apocalipsis, no es lo que hacemos cada/noche sobre un rostro encarnizado en morir?. Es la raíz frágil, en estas tragedias se mezclan todos los sentidos de miles de víctimas civiles, quienes han quedado en un estado mental grave, en estado de desolación, de tristeza y de odio, pueblos que respiran un realismo de otro orden: bombardeos, destrucción y muertes. También vemos el Fausto enamorado, donde el bien y el mal se unen para buscar el Matrimonio del Cielo y del Infierno del que nos hablaba William Blake. Cielo e Infierno del Amor, de los conflictos del hombre, de la lucha con las sombras. Los muertos se levantan del olvido, los vivos permanecen en el olvido. Las guerras organizan este Matrimonio, es el Matrimonio del Apocalipsis con el bárbaro, quienes implantan la mano de la calamidad de los mundos dramáticos, de los espacios en conflictos. Y como Dios, también, crea animales, caballos indóciles, pescados que lanzan al viento palabras de pasión. Ciudades, torres, el hombre que piensa y se consume en las ideas, en la fascinación hace al hombre quebradizo, que sea el animal de costumbre, la consciencia, el hombre del precipicio, el hombre víctima, el hombre pájaro. La esperanza pájaro. Pájaro eres y en pájaro te convertirás. Y esta realidad poética es el árbol donde descansan las hojas para anunciar la llegada de la oscuridad. Oscuridad que en este caso es eterna. Sólo que los pueblos, hoy en día, con todas sus penurias están atentos y en guardia. Así es esta pintura, llena de sufrimientos y de información sobre el terror que han creado los gobernantes para dominar el mundo. Kanso es un artista que vive en alma y acción y expresa en su arte todas las aberraciones de los poderosos, es una voz de la conciencia, una reflexión que exige detener el horror. “Lo esencial es invisible a /los ojos. No se ve sino con/el corazón./Por eso la importancia/De mi flor es el tiempo/Que he perdido en ella.”- Saint-Exupéry.

Pintura de explosión. Comprometida con la necesidad interna de vernos. Kanso, poeta y visionario, maestro, alquimista, y grande por sus fuerzas espirituales.
Veamos el poema que le dedica la poeta venezolana Eddy Godoy:

A NABIL KANSO

“ Me disfrazo de alma en pena
y transito en los óleos
Me acerco
Al corazón que sangra,
A las calaveras que comentan
La soledad nocturna.

Reconozco el reino de los fantasmas
Donde alguien vigila la procesión que asciende.

Un aparecido me empuja al precipicio
y al lado mío cae un pájaro con vértigo.

Son los espíritus que me acosan
de pronto;
figuras suplicantes
con caras derretidas.

Yo me implico en el Juicio Final.
Me acostumbro a la melancolía del eco.
Vago en el Apocalipsis de Nabil Kanso.

Y amo al ángel de la trompeta
Y al demonio
Si no huyo del lienzo: me devora!”.