El sueño es cuando no hay recuerdo del nombre de ese escritor que dijo: “La literatura no nace cuando un niño viene gritando -¡El lobo¡, ¡El lobo!-, y hay un lobo gris detrás de él. ...Nace cuando un niño viene gritando -¡El lobo!, ¡El lobo!-, y no hay un lobo detrás de él.”
El Ángel del Apocalipsis anuncia heridas, anuncia la angustia de la humanidad. Surge con su propio nombre, y no hay porque temer sus implicaciones Bíblicas, sino más bien acontecer los siete destinos de la palabra en la realidad. Las escrituras sostienen el movimiento de la nave ascendiendo en búsqueda de la luz.
Y del siete al diecisiete inspira los encantos físicos, previsibles a las alusiones donde Newton cierra las ventanas y “De pronto unas langostas/como caballos equipados para la guerra/movieron sus alas y/el ruido/parecía la bulla/de un ejército de carros/con muchos caballos que corren al/combate./ En mi visión, yo/ Vi esos caballos y/A quienes los montaban.”
Estamos en el domicilio y los espacios del Apocalipsis según San Juan. El horror de la guerra en cualquier parte del mundo, es la Guerra Civil Española, es el Guernica de Picasso, los aullidos de los personajes oscuros de Rembrand, o los fusilamientos de Goya. El margen de la intimidad en la tribulación es su lucidez. No existe pecado de un lado. “Aquí yazgo pensando en ti:” Homenajea Alberto Girri a W.C. Williams, o lo que para Franz Marc cuando define el expresionismo: “En no fiarse ya exclusivamente del sentido, en dejar de traducir la realidad que le trasmiten las sensaciones, y al contrario en restablecer el Poder del Espíritu”.
Nabil Kanso, artista libanés, residenciado hace muchos años en Atlanta, en los Estados Unidos, alcanza el espíritu que se mueve en las revelaciones, donde los colores ahondan los espacios, los agita, los sacude en el cantar de la bruma, en el reflejo de las pesadillas, concentrando sus impulsos en la furia del color, en la fuerza del inconsciente trastocado por todas las penurias que producen las hostilidades. Es Hiroshima, Nagazaki, Vietnam, el Líbano, Afganistán, Irak, Panamá, Santo Domingo, y otros países dominados por el imperialismo, atacados y humillados.........

Enrique Hernandez-D'Jesus


 

Ha retornado el sol a Nueva York para despedir los murales de Nabil, como un sol de paz, de esperanza, de justicia, con la fuerza de los siglos por venir. Mientras las campanas de la iglesia entonan su concierto dominical.
Con la fuerza de los sentimientos colectivos de la Humanidad que va naciendo, que va creciendo como el triunfo de la fe en que seremos mejores.

Que el llanto, la tristeza, la aflicción, las heridas, la muerte no han sido más que el fuego que precede a la resurrección. Lluvia que trae renacimiento a los surcos de la existencia.

Los murales han estado aquí como viva oración que se eleva a los cielos por los niños quemados, lacerados, humillados; por las madres y mujeres valerosas, invencibles creaciones de Dios que materializan el amparo de la madre tierra; de los valerosos padres, de los amorosos hijos e hijas de palestina, del Líbano, de Sabra, de Chatila, que con su corazón como único escudo murieron destrozados defendiendo a la familia, defendiendo a la patria, defendiendo a la
Humanidad.

Los murales de Nabil se despiden, pero estas paredes no se quedan vacías. Quedan llenas de vida, de esperanza, de compasión, de gratitud, de perdón, de plenitud en el canto y en el silencio.

Murales trashumantes, como su propio autor, no pueden permanecer entre cuatro paredes. Se van con el sol, con las estrellas, con la luna, con el viento, con la lluvia, con la bruma para continuar germinando sueños y caminos.

Queda una huella permanente de gratitud por la Misión de Venezuela ante las Naciones Unidas y especialmente hacia el Embajador Jorge Valero por haber permitido la vibración de estos murales plenos de vida, de símbolos, de palabras, de anhelos, de ensoñación, de nubes, de tierra encantada, de soles renaciendo siempre en el centro de las galaxias…


J Escalona

Como navegan tan fácilmente
los desvelos y los sueños se marchitan
en los ojos donde la vida se extingue,
quedándose abiertos, abiertos ojos de niño
cuando la muerte presurosa y azarosa
se lanza sobre la gente
y las vides bíblicas van deviniendo
en racimos de fuego,
en explosiones de horror,
destrozándole el alma
estallándole la vida,
a los niños de Sabra y Shatila

En Líbano y Palestina
enmudece el gallo de la pasión.
En las gargantas se ahoga la plegaria,
hasta la muerte agoniza.
Los ángeles protectores
heridos también,
son ahora ángeles caídos.

Los vestidos rasgados de las madres,
dobladas cubriendo a los hijos,
flotan como banderas
que se elevan a los cielos
como invencible oración de paz,
desde donde resonará
el acero de las campanas
tocando a rebato
pregonando la esperanza
de la siembra, del arado, del aroma
de la corona de flores,
de la corona de vida, que exorcizando
las espinas, las lágrimas y las heridas,
saluda al sol, al universo,
más allá de las lágrimas,
más allá del dolor.
Un aleluya de pétalos
como himno multicolor
irá entretejiendo a la humanidad rediviva.

Julio Escalona

La Misión Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante las Naciones Unidas se complace en presentar una muestra de la obra de Nabil Kanso.
Revive al contemplarla, Goya: el de los fusilamientos de la Moncloa y los Caprichos de la Guerra, la crudeza de la violencia y el dolor infringido a los inocentes.
De Goya al Guernica de Picasso, la crónica de la violencia no cese.¿Dónde no es invisible la mano que causó los genocidios en los campos de refugiados de Sabra, Shatila y ahora en Gaza?. El Apocalipsis anunciado por el Profeta de Patmos en los inicios de nuestra era, expresa en estas pinturas su presencia latente.
Nabil Kanso es un pintor libanés, un hombre de la cultura del Mediterráneo surcada por profecías divinas, guerras devastadoras: astrolabios, carabelas, naves de Cartago y de Roma. Conmueve la obra de este creador donde los infiernos imaginarios y reales, los seres de el Bosco y el Greco dejan la impronta del color y el testimonio permanente del arte, la creación, y la vida en su doble tensión del ser y el no ser.Los invitamos a contemplar estos lienzos que transmiten el mensaje del arte y el drama de tragedias evitables, si prevaleciera el ideal de paz y respeto a los derechos humanos para todas las criaturas que pueblan el planeta, y por los que luchamos con especial devoción.

Jorge Valero

En su exposición "el arte y la guerra" en la Misión de Venezuela, nabil Kanso nos ofrecen una seleccion de obras que denuncia el horror de la guerra y la violencia. Sus obras que representan su compromiso profundo de asuntos estéticos, sociales y humanísticos, reflejan expresiones y visiones cuyo alcance y escala enorme dotan las imágenes con una presencia física masiva en su enfrentamiento con el espectador y su evocación de la destrucción y devastación de las guerras que sumergen el mundo.