LA OBRA DE NABIL KANSO
UNA CÚSPIDE SIN PRINCIPIO

Ildebrando Rossi

Un dibujo de la espontaniedad del color, un lenguaje en la materilización que verifica el pensamiento humano, un rapidísimo expresivo, espontáneo y agresivo en una dinámica que no pueda restar al tiempo la velocidad, la dimensión de la época actual, llena de sentimientos, la historia de nuestro siglo, que se entretiene entre sueños fabulosos y una triste realidad.

Si el espacio, pudiera sostener el razonamiento de Nabil Kanso, su alma como parte de su obra, gozaría de la inmensidad infinita para taladrer y penetrar en esa estéria expansión, llena de illusión de historia de hilos que incandescentes dramatizarían e iluminarían en su visualismo absolute, su intensidad del dolor y el placer, goce de un sentimiento que tal vez para inadvertido a sus ojos, pero, ese gran espacio se empequeñece a su realidad, en la posibilidad de su razonamiento, de su imagen, en su espejo.

Las formas humanas de desdibujan asumiendo un abstraccsimo, en una simbología, en un mensaje concreto desde una paz idealidad a la horripilante interpretación del dolor, en la representación de una maternidad que huye al terror, a la desesperación al encuentro de nulidad o la impavidez de un rey que agoniza en su esencia y por esencia, en la fuerza imbólica de un movimiento constante, donde el hombre, violencia indómita y animal arrollay y huye en la libertad devastadora del silencio.

En su obra artística se repiten los hechos bélicos que las herencias dogmáticas de las virtudes en los perfeccionismos culturales se autodestruyen o prometen las homogenía autocráticas de un liderazco perfecto. Juicios sostenidos en una época de imperialismos socioeconómicos e industrials que, desestabilizan el equilibro natural e intellectual dando paso sólo a las memorias de un presente electrónico.

Son sus obras plásticas las angustia de impotancia, del dolor que despiertan la inconsciensa del hombre consciente, que se sitúan en el espacio infinito de un principio, en el conflicto de una causa, la paz terrene en el juego de la idea y la palabra, el fuego y el cielo o la scuridad absoluta, la nada.

En su imaginación estética y artística que partiende de un cero, assume una plenitude histórica y concientemente revolucionaria, de toda la realidad retorcida en una vorágine cuya “belleza” se convierte en un extraño infierno. Rojos, escarlatas, carmesís, amarillos, violetas, ocres y las pocas pinceladas de azul, son el goce perverso del mal, en una matrubación narcisista que se mueve satánicamente hacia la destrucción del ser, desde lo real o lo irreal cuyas pálidas sombras de las imágines, se encarnan en la realidad que se niega.

En el universo de Nabil Kanso, lleno de esencias carnales de significaciones mudas, mezclas de sencia y existencia, de lo imaginario y real, lo visible o invisible, de ver si es verdad, en una forma de mirar, si ver es siempre algo más de lo que se ve, es ir hacia lo que está detrás, lo oculto en una sabiduría de la ciencia artística, los signos visibles de un nacimiento, una época una decada… Pero, al llegar a este significado nos encontramos más alla de la intuición perceptive, es la acción de la memoria que fabrica la reflexión como generador de la vigorisidad expresiva, cuya genialidad es el hecho de la gran verdad.

La verdad de Nabil Kasnso, un ser compulsivo que se fundamenta en una bellísima facultad. La acción de una fantasía espontánea, pero siempre en en río de los recuerdos. Su arte determine una revuelta de esperanza, satisfacción, cumplimiento consigo mismo y el mundo, en una dramática actuación, en dimensiones plásticas que obligan y reafirman la atención de sus obras por lo ignorancia, en una conciencia perceptive que titubea a un juicio moral preciso.

Kanso ilimita su derecho contra las muertes de la guerra, de los campos de exterminio, de todos los asesinatos políticos, el desaparecer de la huanidad infantile, el hombre futuro. Es un movimiento salvaje que protesta y jusga la moral del hombre por el hombre, es la vida en una revolución que habla por si misma, una rebelión que propulsa un principio organizativo de liberación, que se transforma en una potencia antidogmática, en una ruptura sin identificación, que se eleva en la espiritualidad del arte, su arte.

Un problema de plenitude humana, de intercomunicación social, en un acto de proyectarse en una materia, que es parte de si misma, la vida, la muerte, la libertad.

Panorama, 14 de abril, 1985, Maracaibo